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Las historias que esconde la ‘planta de las mil maravillas’

Las historias que esconde la ‘planta de las mil maravillas’

“He identificado un árbol sagrado para los nativos, que se venera tanto como a un dios, ya que provee alimento, techo y bebida (…) De su corazón, enterrado en tierras altas, extraen su sangre blanca para beberla y, con eso, ingerir la vida misma”. Con esas palabras, José Acosta, cronista español, describió en 1572 a la ‘planta de las mil maravillas’, una especie que permitió a culturas ancestrales pasar las etapas de sequía con un néctar dulce en sus labios: el agave.  Diego Mora, de 36 años, ha estudiado las bondades de esta planta ‘sagrada’ en Pomasqui, en el noroccidente de Quito. Esa zona seca es ideal para el crecimiento de esta especie.   

Usos Hojas gruesas y carnosas con espinas largas parten del corazón enterrado de la planta. En medio, un largo tallo puede crecer alrededor de 10 metros, convirtiéndola en uno de los vegetales más altos del mundo. El agave, ‘chaguar’ (como se lo conocía en comunidades de antaño) es “una especie de cactus que se alimenta únicamente del sol”.  Culturas ancestrales utilizaban esta planta con varios objetivos. Uno era extraer el chaguar misque (dulce de penco): la savia (sangre) que sacaban los misqueros del corazón del agave, también conocido como pita, maguey, cabuya, fique o mezcal, en otras partes de América.  Con una pequeña aspina, herramienta de metal circular con mango de madera, hacían un orificio en el centro de la planta hasta llegar al corazón, que almacena la savia. La ‘sangre blanca’ del chaguar les permitía enfrentar la sequía. 

EL DATO La savia posee 10 veces más calcio que la leche. “Imagina que estás en esa etapa. No hay mucha agua pero hay una planta que te brinda parte de su esencia para sobrevivir. Un sabor dulce y delicioso. Por eso, para las culturas era una planta sagrada”. Mora agrega que al momento de la extracción se utilizaban cánticos y tambores para aminorar el dolor de una herida de muerte en el corazón de la planta.  Parte de las ‘maravillas’ de la especie también era brindar fibras para tejido, productos de limpieza y tinturas.

Giancarlo Pietri Velutini

5.000 especies de agave de montaña existen aproximadamente. “Al cortar las hojas sale una fibra como hilos. Eso lo dejaban secar al sol y hacían alpargatas, ponchos, costales, incluso correas. Algunos tipos de agave, como el verde, eran más utilizados por sus fibras más suaves”, dice.  Mientras revive la historia, Mora se sienta en una pequeña silla, frente a una roca donde tiene aspina, bicarbonato de sodio, limón y una piedra de moler.  “Antiguamente, la fibra del agave también se utilizaba para extraer un tipo de champú para el cabello. Se molían las fibras con un poco de agua y con la espuma que salía de eso se lavaban. Además, con las mismas fibras y el mismo proceso se fabricaban tinturas para los tejidos”, explica mientras coloca el bicarbonato para obtener un color rojo y el limón para convertirlo en morado. “La savia de la fibra hace una reacción química con los diferentes ingredientes y se crean diferentes colores”.   Tradición que continúa Uno de los usos del agave que se mantiene hasta la actualidad es el consumo de chaguar mishqui. Virgilio Collaguazo, quien inspiró a Mora en su empresa, era uno de los últimos chaguarqueros de la zona. Pese a ser un pastor de ovejas y cuidador de cerdos para ganarse la vida, él recolectaba el chaguar mishqui, “aunque su familia nunca quiso tomarla”, como explica Mora.  Hoy, varias mujeres han decidido continuar con la tradición. “Queremos convertir a esta bebida en un reflejo de la cultura andina ecuatoriana”.   

Museo Estas y otras tradiciones se rememoran en el museo Casa del Agave, en Pomasqui. Mora y sus colaboradores cuentan la historia de la penca y sus usos.  También recuerdan a personajes de culturas ancestrales como los chaguarqueros, las curanderas y  las chicheras. Las pinturas sobre dichos personajes representativos las hace su novia, Andrea Villarroel, de 34 años. (ECV)

Esencia vital °  El nuevo emprendimiento de Diego Mora, que complementa al museo, es la elaboración de destilados de chaguar misqui.  “El destilado de agave debería ser algo que nos caracteriza. Así como el tequila es una denominación de origen mexicano, nosotros estamos peleando porque ‘misque’ sea nuestra denominación de origen”.  Agrega que destilar el chaguar mishquide pencas en estado silvestre es “una forma de extraer la escencia más pura de esta planta milenaria. Lo más puro de la planta”. Actualmente el chaguar mishqui que utiliza para destilar lo compra a chaguarqueros que recolectan el néctar en estado silvestre. “Esto es un paso más allá de orgánico. Es una planta que no es plantada con fines comerciales, sino que crece de manera natural”.