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Cómo la relación entre EEUU y China empeoraron a un día de las nuevas negociaciones comerciales

David Vargas Pino
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Se suponía que esta era la semana en que las conversaciones comerciales entre EEUU y China volverían a la normalidad y las dos partes encontrarían una manera de evitar enviar señales más inquietantes a los mercados financieros y a una economía global que parece cada vez más frágil.

Pero eso no tardó mucho en cambiar. Si el estado de las relaciones entre las dos economías más grandes del mundo ya eran complicadas antes de iniciar la última ronda de negociaciones, mañana y el viernes, el enfrentamiento solo ha empeorado.

La guerra de Trump contra China sigue creciendo La decisión del lunes de incluir en la lista negra a gigantes tecnológicos chinos como la compañía de videovigilancia Hikvision y la startup de inteligencia artificial más valiosa del mundo, SenseTime, llevó las disputas económicas de la administración Trump contra China en una nueva dirección.

EEUU no solo invocó provocativamente su derecho a abordar las violaciones de los derechos humanos “dentro de China“, como hizo el secretario de Comercio Wilbur Ross, sino que también se dirigió a un nuevo sector de campeones tecnológicos chinos. La razón fue la participación de las empresas en la represión de China contra las minorías musulmanas en la región de Xinjiang, pero la medida también golpea a sectores como la IA, donde China es cada vez más dominante. Además de las fricciones, EEUU está imponiendo prohibiciones de visa a funcionarios chinos vinculados a los abusos en Xinjiang.

Eso llegó junto a más noticias ayer de que, a pesar de las negaciones de la Casa Blanca, la conversación sobre cómo EEUU puede restringir los flujos financieros hacia China continúan. El foco se está reduciendo a cómo presionar a las compañías de índices como MSCI y Bloomberg Barclays para reducir la ponderación que las compañías chinas obtienen en los índices de mercados emergentes. También se está discutiendo cómo limitar la inversión de fondos de jubilación del gobierno federal en China.

Pero hay un objetivo apenas oculto detrás de ambos movimientos. Los críticos de China dentro de la administración y en el Capitolio quieren restringir el acceso chino a la tecnología y capital estadounidenses. Eso no va a desaparecer.

Los tambores anti-China suenan cada vez más fuerte en Washington Las personas cercanas a la administración Trump han reconocido por mucho tiempo el estrecho camino que tienen para llegar a un acuerdo con China. Cualquier pacto de China que delate la debilidad de la administración Trump será criticado tanto por los demócratas como por los republicanos. Por otro lado, incluso los halcones en Washington reconocen que hay un límite al que China se comprometerá.

Para evidenciar cuál es la reacción política potencial a un débil acuerdo con China sería simplemente mirar la reacción republicana contra los movimientos de esta semana para retirar las fuerzas estadounidenses de Siria y abandonar a los aliados kurdos. Si los republicanos ven eso como un cambio inaceptable, imaginen lo que algunos como el senador Marco Rubio harían de cualquier compromiso amplio con un rival estratégico mucho más grande en Beijing.

Sin embargo, lo más nuevo es cómo se está extendiendo la conversación popular sobre China. No es sólo la situación en Xinjiang, sino que ésta se suma a la crisis en Hong Kong y el episodio con la NBA tras el tuit de uno de sus ejecutivos apoyando las propuestas.

Las guerras económicas, en otras palabras, se están convirtiendo en guerras culturales.

Hasta mediados de año, la noción de que la guerra comercial de Trump significaría un daño para EEUU y la economía global era hasta ahora, sólo eso: una noción. Pero los datos recientes son claros. 

Se puede discutir cuál es la combinación exacta de causas, pero solo tiene que hablar con las empresas para ver la evidencia que les ha dejado la guerra arancelaria y la incertidumbre causada, lo que ha contribuido significativamente a la desaceleración de la inversión empresarial y la fabricación.

Las advertencias sobre el efecto potencial también se han convertido en otras sobre el efecto real. Kristalina Georgieva , la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional, advirtió ayer que un mundo que hace solo dos años estaba en un “auge sincronizado” ahora estaba mirando una “desaceleración sincronizada” vinculada a las tensiones comerciales.